
Solo una simple decisión
Leí la historia de Carolina y Anita, dos hermanas que crecieron juntas. Asistían a la misma escuela, dormían en la misma habitación, en fin, compartían casi todo.
En la adolescencia, Anita, dos años mayor que su hermana, era diligente en los estudios, le iba bien, y después de graduarse del nivel medio, fue a la universidad donde estudió administración de empresas.
Hoy ya es adulta, tiene un buen trabajo, está casada y vive en su casa propia. Carolina eligió ir a fiestas, y “pasarla bien”. Abandonó la enseñanza media; esto la llevó al fracaso moral y emocional.
Quieres ser feliz, tu elijes ?
Todos tenemos que tomar decisiones y vivir con las consecuencias. El apóstol Pablo dijo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).
Al crear al hombre, Dios lo hizo un ser libre, pensante y totalmente autónomo, que puede tomar sus propias decisiones y así forjar su propio destino. La mayor prueba de esta capacidad es que Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios (Gen. 3:3), así ellos eligieron su destino y el de sus descendientes.
Aunque nuestra naturaleza cambió desde la caída de Adán y Eva, aún mantenemos el libre albedrío, lo que hacemos con esto es responsabilidad nuestra.
Todos los días estamos obligados a tomar decisiones, algunas tienen poca relevancia en comparación con otras. La primera es elegir entre levantarse, o quedarse acostado; otras pueden cambiar el rumbo de nuestra vida, y la de los que nos rodean: ¿qué estudiaré?, ¿con quién me casaré?, ¿dónde viviré?
Sin embargo, hay decisiones de vida o muerte, y una de ellas es si creer en Dios y obedecerle, o vivir tratando de creer que no tendremos que cargar con las consecuencias de las decisiones que tomamos sean buenas o malas. Por ejemplo, Jesucristo, por amor, decidió morir en nuestro lugar como pago por nuestros pecados.
Dios nos invita a decidir: “Llamo hoy al cielo y a la tierra para que sean testigos: Yo te estoy dando a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige la vida para que vivan tú y tus hijos” (Deuteronomio 30:19). Ésta es una decisión que todos, sin excepción, tendremos que hacer en algún momento de nuestra vida.
Jesucristo decidió dar su vida por ti, ahora es tu oportunidad de decidir si amarle y obedecerle en agradecimiento por su sacrificio de amor.
Consejo para ser feliz
Tan pronto puedas dile a Dios en oración que has decidido elegir la vida, pídele que te ayude a hacer su voluntad. Dale a Dios el lugar que merece en tu corazón, y serás feliz.
Recuerda: Dios tiene más deseo de darte, que tú de pedirle, y él quiere que seas feliz.
